* Recuerdos de un viaje a St. Petersburg.

En una ocasión, alguien conocedor de mi interés, quiso saber que significaba Russia para mí. Apasionada de la historia, en especial de comienzos del siglo XX, poco dudé al responder. Más allá de tal interés histórico, para mi Russia es una emoción, una profunda emoción.

Desde muy joven, el misterio que envolvía a tan inmenso país, atraía poderosamente mi atención. Recuerdo señalar que una de mis ilusiones era visitar St. Petersburg, no Leningrad si no St. Petersburg, significando en ello que yo deseaba conocer, imaginar, la ciudad, la impresionante ciudad que fue antes de la debacle revolucionaria.

Conforme el paso de los años, he tenido ocasión de cumplir aquel sueño ya que he visitado en varias ocasiones el país y, la aparición de internet, ha significado tener acceso a multitud de informaciones que hasta ahora hubieran sido impensables.

En un foro de historia muy conocido en el que hice excelentes amigos, relaté mis viajes a Rusia y tengo la satisfacción de que ‘Recuerdos de St. Petersburgo’ y la segunda parte titulada ‘Mas recuerdos de Russia’, a día de hoy, ha contado con más de 34.000,  37.400 visitas.

Animada ante tan buena acogida, pretendo recoger en esta página parte de aquellas experiencias a más de ir completando detalles e imágenes que he ido recopilando con el paso del tiempo.

Espero les guste este lugar en el que reitero, están invitados a participar ya que, dicha participación, enriquecerá el pretendido resultado final.

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El relato mencionado y del que guardo tan buenos recuerdos, comenzó un 4 de julio de 2008 cuando, en el foro de historia en el que participada, anuncié que los días 28 y 29 visitaría St Petersburg y, queridos amigos, me animaron para que al regreso relatara mi experiencia.

En aquel momento mi interés por Russia era más generalizo, iba desde ciudades, los Tsares o la ensaladilla rusa que, dicho sea de paso, tonta de mi ¡creí que de verdad era rusa¡ más adelante subiré la receta de la verdadera y verán que es mucho más… aristocrática.

Iba a ser la quinta ocasión en que visitaría la ciudad ya que es escala obligada en uno de los, para mí,  mejores cruceros que pueden hacerse. Helsinki, Tallin, Riga y, por supuesto la ciudad de mis amores. Con todo, las visitas no habían dejado de ser las típicamente turísticas, esta vez comprobaran que preparé las cosas de forma mucho más detallada.

No les extrañe que obvie algunos lugares de obligada visita, recuerden que era mi quinto viaje y, uno se vuelve ya más selectivo. Ya saben de las nuevas corrientes imperantes en Russia de restaurar todo su antiguo patrimonio cultural y, en especial, en lo referente a los Tsares, por ello,  me interesa aquello que en mejor o peor estado, está tal cual. Lugares en los que de verdad se pueda respirar, sea cuasi tangible la historia que se desarrolló entre aquellos muros.

En un viaje anterior visitamos Peterhof, fantástica visión pero, conociendo imágenes de cómo quedó tras la WWll, es evidente que nada queda de tal imperceptible emoción que yo andaba buscando.

El gran Dvorets de Gatchina es igualmente precioso de ver pero, aún menos destrozado que Peterhof, recomiendo su visita pero sufrió grandes bombardeos durante la contienda. A diferencia de por ejemplo Versailles, todo está allí tal cual en tiempo de los monarcas franceses, aquí han emprendido una gran campaña de restauración, en algunos casos con un gusto algo… digamos complicado…

Manos a la obra, desde marzo andaba preparando con todo esmero y detalle todo lo relativo al viaje. Por internet contacté con una guía privada, llevaba dos pastillas para 1.000 fotos cada una aunque pensé que de hacer falta, allí podría comprar alguna que otra más… y mis fotocopias. ¿Qué son mis fotocopias…? Continúen leyendo y comprenderán a que me refiero.

Hay una cosa que me apasiona, no lo puedo remediar… es comparar a través del tiempo dos imágenes. Es decir, de ser posible, colocar el objetivo en el mismo lugar en el que fue tomada una imagen de todos sobradamente conocida. Por desgracia, cuantísimo ha desaparecido bajo barbaries políticas, hordas revolucionarias o simplemente, el paso del tiempo .Pese a todo, allí estaba dispuesta a hacer del viaje un algo inolvidable.

Una vez elegido el crucero que deseábamos hacer, que era el que permanecía en St Petersburg dos días completos, comencé los preparativos. Muchas horas delante del ordenador, muchos cigarrillos y alguna que otra falta de sueño por continuar caminos hasta ahora inexplorados.

Al pretender hacer una visita privada, fuera de tours habituales, era necesario conseguir un visado personal. Estas gestiones continúan siendo complicadas, quise solucionarlo poniéndome en contacto con la Embajada de Russia en Madrid pero… digamos que la señorita que me atendió, no estaba muy interesada en que yo visitara su país…

Como el viaje lo habíamos contratado en ‘unos grandes almacenes’ frase que me encanta (como si hubiera otros…) pedí al señor que nos atendía que me pusiera en contacto con una agencia de guías turísticos.

Nada, los elementos estaban en mi contra, ni la embajada ni el señor de la agencia me hacían mucho caso pero, estaba decidida y no podrían conmigo. No quedaba más que internet y jugársela. Todo el mundo parecía estar ya contratado para esas fechas pero ¡¡¡al fin contacte con alguien que si podía acompañarnos¡¡¡ Ya sé que era un poco atrevido, dadas las circunstancias del país, ponerse en manos de alguien completamente desconocido. Noticias de raptos y corrupciones era continuas pero, era necesario arriesgarse en aras de un bien superior como era mi curiosidad histórica. Las bromas de nuestros compañeros de viaje a cerca de desapariciones o misteriosas deportaciones a la lejana Siberia no lograron amilanarme.

Mención especial merece por supuesto mi santo marido. Aguantó estoicamente bromas, confusos preparativos, problemas que fueron apareciendo y, lo más importante: me aguanto a mí….

Dado que uno de mis principales intereses en aquel viaje era visitar el Alexander dvorets en Tsarkoie Tselo (última residencia del Tsar Nikolay y su familia) consulté por internet horarios y días de visita.

Vía email, quedé con la guía en que el próximo  28 de julio, nos acompañaría durante todo el día, claro está, con el visado personal…

No se cuantísima tinta de impresora llegaría a utilizar fotocopiando cientos, miles de imágenes… bueno, quizás algunas menos, no quiero me tachen de exagerada, pero quería, como ya expliqué con anterioridad, tomar iguales imágenes a las muy conocidas por todos.

Resultó ser un buen fajo de papeles que, debo reconocer, oculté a mi marido para que no pensara que estaba loca con mis manías. Nada importaba peso o volumen, estaba en contacto con la guía, teníamos ya los pasajes y únicamente quedaba esperar… muy muy ilusionada.

Y, entonces sucedió la hecatombe.

Cielos y tierras unidos en mi contra, tragedia, el abismo más absoluto cual si fuera la tercera guerra mundial,  horror de horrores… les prometo que todo ello sin exagerar…
En la agencia de viaje habían confundido la fecha del visado personal. En vez de para el día 28, era para el 29 y 30, pequeño detalle  es que en esa fecha ya no estaríamos en Russia…

¡ah¡ toda mi perfecta organización por los suelos. Dijeron que tratarían de arreglarlo con la embajada pero, tras mi anterior experiencia, no confiaba en que estuvieran nada interesados en que mi majestad visitara Russia. De nuevo vía email le explique a la guía lo que había ocurrido y si había alguna posibilidad de solucionarlo. Respondió que era arriesgado ya que, de ir por libre, exigirían el visado personal. Quise matar al encargado de ‘unos grandes almacenes…’ pero lo pospuse para la vuelta del crucero ya que dispondría de más tiempo y seguro, mejores métodos de tortura.
Dichoso visado. Tanta preparación no había servido para nada, adiós mis planes.

En tales momentos recomiendo tener a mano algo a lo que se pueda hacer responsable de nuestras desdichas o fracasos emocionales.  En este caso lo pagó la maleta en la que, furiosa, fui metiendo las cosas a trompicones. Cuando vi mi preciado paquete de fotocopias, casi lloro de rabia, las guardé, como dicen en las novelas,  con gesto de rabia mal contenida.

Y, comenzamos el viaje..

 

 

 

 

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