*** The book: ”Romanov. Condesa Natasha Brasova.”

El pasado martes 18 de noviembre 2014, tuvo lugar la presentación del libro Condesa Natasha Brasova, en el palacete museo del Marqués de Campo en Valencia.

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En un aforo de ochenta personas, la presentación del acto corrió a cargo del teólogo y periodista, D. Baltasar Bueno Tárrega.

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Tras ello, D. Ramón Palomar, conocido escritor y periodista de prensa radio y televisión, presentó el libro en detalle. Palomar, no dudo en afirmar que más que un libro, se trataba de una obra, obra que ha llevado cinco años de trabajo y extensa investigación.

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Captura.PNGp4p4p4p4La autora, Cristina Rosario.

Como dijo D. Ramón Palomar, ya fuera en el París, Londres o St. Pétersburg que se describe, se trata de la visión de un mundo que estaba por desaparecer al detonante de la Gran Guerre de 1914.

Captura.PNGñfñfdñRamon Palomar junto a Cristina Rosario.

Captura.PNGdññddññdAtendiendo preguntas de los asistentes a la presentación.

Primeras críticas y comentarios en prensa.

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En el libro ‘Condesa Natasha Brasova’ algunos lectores amigos, han preguntado por una obra musical que, según uno de los personajes, define a la perfección el alma y personalidad de la protagonista.
Para curiosos, dejo aquí el enlace. No es la mejor de las versiones, antes recomendaría la de Loris Tjeknavorian, pero no la encuentro en la red.
El fragmento, una Mazurca, forma parte de la obra Masquerade del, como no, autor ruso Aram Khachaturian (1903-1987). Espero que les guste ¡¡¡

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Artículo aparecido en el periódico El Manifiesto, escrito por Laddys Valdés.

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RUSIA Y SU REVOLUCIÓN SIGUEN VIGENTES

La esposa morganática del gran duque Miguel

Podemos decir que estamos ante un ensayo novelado, pues la autora no ha escrito una novela histórica. De ningún modo: va más allá. Será una novela histórica para muchos lectores porque ella ha sabido jugar con los diálogos, las emociones, los sentimientos, para irnos situando poco a poco en el complejo entramado que fue génesis, desarrollo y desenlace de la revolución rusa.

LEDDYS VALDÉS

Cristina Rosario Franco ha escrito una biografía sobre la Condesa Natasha Brasova, la esposa morganática del gran duque Miguel, hermano pequeño del último zar de Rusia, Nicolás II, y de hecho el propio Miguel zar por unas breves horas. La condesa Brasova fue un carácter de mujer repleto de claroscuros que son magníficamente descritos y detallados por la autora a lo largo del relato de 400 páginas y cinco años de trabajo. Nastasha es un personaje poco biografiado a pesar de pertenecer a la familia imperial rusa y, gustará o no, es una Romanov: ese nombre cuyo poder, tan esplendoroso como trágico, lleva encandilando durante casi ya un siglo a varias generaciones.

Escribir es una tarea difícil, y escribir sobre historia es doblemente arduo, porque la historia es una pasión, una disciplina y una necesidad para cualquier ser humano autónomamente pensante. Se necesita gran documentación, documentarse a fondo para recrear el pasado, mucha imaginación, conocimiento de la historia como proceso y no hecho aislado, pues no es solo el dato, son datos más conjunto, entornos y contextos que pueden ser varios, no uno solo. No trata esta tarea de una cuestión de aprendizaje en ningún taller de escritura, pues nada puede estructurar una verdadera pasión que conlleva mucha entrega y un alto grado de generosidad para conseguir convertir en metáforas aquello que no hemos vivido, que perteneció a otro, recuerdos y momentos ajenos en el tiempo. ¿Cómo saber si se logra? Cuando aquello que no vivimos puede ser trasladado y transmitido a quien nos lee para olvidarse de que, en últimas, no son más que páginas escritas por un mortal sobre otro. Convertir la vida ajena en metáforas literarias para transmitir con exactitud y verdad, es biografiar, y es lo que Cristina Rosario ha logrado en su Condesa Natasha Brasova.

Podemos decir que estamos ante un ensayo novelado, pues la autora no ha escrito una novela histórica. De ningún modo: va más allá. Será una novela histórica para muchos lectores porque ella ha sabido jugar con los diálogos, las emociones, los sentimientos, para irnos situando poco a poco en el complejo entramado que fue génesis, desarrollo y desenlace de la revolución rusa. A mi juicio, es ello lo más resaltante de esta obra, algo que no había visto sobre la familia imperial rusa y la revolución de 1917, desde el tan conocido clásico de Robert Massie Nicolás y Alejandra, La noche roja de Speransky o el imperecedero Doctor Zhivago.

Es palmario que la Gran Guerra es para la autora, como para mucho de nosotros, el momento crucial donde se juega el destino de Europa y de Occidente —la II Guerra Mundial solo fue la lanza final sobre un corazón ya agonizante— y leerlo con ese conocimiento es estremecedor para un lector que se pueda meter en la piel de este ensayo con mayúscula de historia, pero también para la de cualquier persona que, lejos de conocimientos históricos, quiera acercarse en el plano humano a la vida de Nastasha Brosova, una hermosa mujer que nació entre algodones, frívola y pueril, a quien la vida puso delante de un gran duque de Rusia. Una mujer prohibida para un príncipe imperial ruso porque no poseía titulo nobiliario alguno, pese a pertenecer a la buena burguesía. Natasha no era de rango inferior, sencillamente no tenía rango alguno, y luchar por este amor le costó a ella y al gran duque Miguel mucho dolor, mucho desasosiego que, irónicamente, hubiera podido evitar mucha sangre sobre Rusia. Al terminar de leer el libro me dije: “Hubiera sido una buena emperatriz”. Quizás mucho dolor hubiera ahorrado a toda una nación, a todo un continente, si esta hermosa y elegante condesa Brasova hubiera estado en el trono de Rusia.

Claro que especular a toro pasado no tiene gracia ni virtud; lo importante hubiera sido que algunos en la corte rusa hubieran tenido la amplia visión de miras que nadie tuvo. Pero quizás era difícil tenerla mientras estaban envueltos en un hermoso huevo de Fabergé. Quizás era imposible vislumbrar más allá de resplandores de oro, esmaltes y piedras preciosas que encandilan hasta las inteligencias más preclaras, así que también entrar en disquisiciones porque el amor no podía vencer sobre un trono no procede en un simple artículo. El amor como la vida misma es efímero y pasajero, pero un trono no lo es. O no lo era, pues desafortunadamente hoy ya pocos lo entienden así. Mala señal de nuestra sociedad enferma de egoísmo y sin falta de perspectiva en el tiempo pasado o futuro que no sean las cuatro chorradas buenistas de los medios de comunicación y tres argumentillos de autoayuda reducidos a “Sea usted feliz. Se puede”. Quizás debido a esa clara visión de nuestra realidad actual la autora en un lenguaje sereno, delicado pero certero, no deja títere con cabeza y enumera uno a uno todos los defectos y errores de la Rusia zarista, así como condensa la fortaleza y profundidad del alma rusa desnudándola hasta llevarnos a un escenario de horror sin retorno que fue la revolución bolchevique en medio de las tragedias individuales de una familia de emperadores.

Cristina Rosario desanda el tiempo y lo deshace para hacernos entender con certeza manifiestamente clara, aunque no hay el menor tono panfletario o enfático en la obra, que el exceso de buenismo —ideales en definitiva un poco infrahumanos— puede, aun con las mejores intenciones, llevarnos de cabeza a un horror peor que el ya conocido. Por descontado, este libro es buena lectura para los tiempos que corren. A nivel informativo, es plenamente vigente, hoy tanto o más que hace cien años. Tal vez la autora peca en el uso abundante de galicismos, pero es comprensible porque trata de dar en todo momento una dimensión real, y los aristócratas rusos vivían y sentían en francés, hasta que llego la nieta de la reina Victoria de Inglaterra al trono ruso con su loco aburguesamiento, entre otras cosas peores y de sobra conocidas. Es evidente que comparto con la autora mi desagrado por la infeliz zarina Alejandra, no dejando de sentir la profunda compasión en el plano personal que sus circunstancias suscitaban.

Personalmente no definiría a Cristina Rosario como rusóloga o rusófila, pues no son términos que le hagan justicia: ella ha sabido interpretar el alma rusa, Dostoievsky está en su ser y basta leerla para darnos cuenta de que vida y muerte están presentes de forma real y cruel en la obra, tanto como lo estuvo en la vida de la familia imperial, en el pueblo ruso y, finalmente, cuando la muerte se lleva lo más querido de Natasha, lo poco que le quedaba: el hijo amado del gran amor de su vida, muerto en plena lozanía para el hundimiento e infortunio total de su progenitora

Solo me resta decir que la lectura de esta obra dio forma a un viejo sueño que he tenido siempre: haber conocidos rusos blancos en París, y esa escena tan bien lograda por la autora en que una Natasha en el ocaso de su vida y de su triste destino, a vueltas de todo dolor posible, rememora el pasado junto a otro exiliado me pareció vivida, propia, una especie de déjà vu. Los dos rusos blancos en París.

www.mikhailalexandrovichromanov.com

El libro puede ser adquirido en El Corte Inglés o por Internet en: info@brufol.com

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Comentarios de algunas personas que ya han leído el libro:

En primer lugar va por delante mi pasión (además de a Roma) por todo lo que a Rusia se refiere, quizás porque es de esos pocos países con los que nunca hemos tenido contienda ni han contribuido como otros bien cercanos, al hundimiento y a que estemos más cerca que nunca de ser, como decía Ortega, la sombra de un gran pueblo camino hacia la Historia. De ahí que me doliera mucho cuando visité San Petersburgo el año pasado que la Guía, una extraordinaria Profesora de Instituto que como casi todo el mundo allí estaba pluriempleada las referencias al terrible cerco de la Ciudad por la Wermatch en la Segunda Guerra Mundial y la mención de que a su eficacia contribuyó la División Azul con su valiente gesta de 10 de febrero de 1943 (¡¡mira por dónde!!) en Krasni Bor pero es que, Cristina, tu libro, con esa mezcla de biografía, monografía histórica y nostalgia que rezuma por todas sus hojas, todas sus líneas, todos sus párrafos, no admite más que elogios : Por resumir ( lo que no resulta fácil) es una crónica real, terriblemente real, verdadera crónica de muerte anunciada de aquella Sociedad que incluso ni siquiera intentó ( quizás con la única y tardía voluntad frustrada del Gran Duque Miguel) cambiar algo para que no cambiara en imitación del Gatopardo de Lampedusa.

Es terrible la vida de Natasha y su soledad tras perder a Mikhail y al hijo pero es perfecto tu relato, sin concesiones al dramatismo, verdadera Notaria de una realidad que estaba ahí y no admitía más floritura que el realismo en su dimensión cruel, porque era cruel y no admitía paliativos: ¡¡Pobre Rusia, que el año pasado en mi visita me sorprendió alabando a Putin y denostando a Gorbachov , (ciento ochenta grados de lo que pensamos en Occidente) precisamente porque el primero se acerca peligrosamente a la autocracia de los Zares!!!

No debes dejar la pluma, Cristina; escribir agota; es como parir, pero permite eternizarse en un mundo en que creer en otras inmortalidades es muy difícil y propicia el dejar algo tuyo permanente: En ese símil tocológico, hago votos para que te recuperes del esfuerzo y sigas alumbrando libros como el de la Brasova……

Ya hablaremos más; ahora, nada más y nada menos que mi enhorabuena y mi fuerte y amistoso abrazo.
E. M. C. 26 / 01 / 2015.

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Quiero comentarles que he tenido la fortuna de leer el libro “Romanov: Condesa Natasha Brasova”.

Antes que nada, a Cristina me une una amistad de ya siete años, largas pláticas y discusiones sobre nuestro tema favorito: los Romanov. Cuando Cristina decidió finalmente escribir el libro, fui de las primeras personas en saberlo, así como cuando lo terminó. También recuerdo que fui el primero en ver la portada. Así las cosas, tomó cinco años para que Cristina escribiera su libro y yo, siendo de los pocos que sabían inicialmente, esperando para leerlo. Cuento esto porque conociéndola sabía que sería un buen libro, y yo ansiaba leerlo.

Sin embargo, antes de seguir quiero decirles que escribo estas líneas con el cariño de un amigo, pero tratando de revestirme de la mayor objetividad posible:

El libro de Cristina es, sin duda alguna, uno de los mejores libros que he leído en mucho, mucho tiempo. Repito, sabía que sería bueno, pero no esperaba algo así. Yo ya había leído el libro de Rosemary y Donald Crawford sobre Mikhail Alexandrovich y Natasha Sergeyevna Sheremetevskaya, un libro que me pareció bastante bueno, al ser el único referente en una lengua que conociera sobre esta pareja (en ruso hay más publicaciones). Siempre me interesé bastante en este hermano del Tsar y en su matrimonio con esa bella mujer que era Natasha. Una mujer que causó mucho escándalo, divorciada dos veces y casada en terceras nupcias no solo con un Gran Duque, sino con el eminente heredero al trono de Rusia al ser que el Tsesarevich y Gran Duque Alexei Nicolaevich padecía de hemofilia y en cualquier momento podía producirse el fatal desenlace.

Los primeros capítulos nos adentran en la vida de Natasha. Nos muestra a una mujer que no encajaba del todo en una sociedad en la que había nacido ni tampoco parece que fuese su tiempo. Un buen día, al ser que su esposo pertenecía al Regimiento que comandaba el Gran Duque, conoce a Mikhail y nace una bella historia de amor que Cristina ha relatado como las grandes. Se casan sin permiso del Tsar y son obligados a vivir en el extranjero y les es negado por varios años el regreso. Estalla la guerra, y finalmente les es permitido volver; sin saber que la Revolución le arrebataría a esta mujer lo que más amaba en su vida.

En capítulos posteriores, se cuenta cómo se desarrollan sus vidas en la guerra y la revolución. Cristina, una navegadora empedernida del Internet, pudo contactar con archivos y descubrió algunos detalles como que Natasha acompañó a Mikhail y a otras personas cuando fue puesto bajo las ordenes del poder soviético.

Los últimos capítulos, dibujan la vida de Natasha en el exilio. El duro y triste exilio, lleno de nostalgia por un pasado glorioso y dorado que jamás volvería. Cristina relata con gran maestría cómo Natasha se negaba a creer lo que se decía sobre la muerte de Mikhail, hasta que se hizo evidente. El capítulo de Felix Yusupov y del gran duque Dimitri Pavlovich, fueron los que particularmente más me gustaron. Vi, por primera vez, la vida del gran duque Dimitri desde otra perspectiva. Mucho dolor me causó leer el capítulo dedicado a su hijo George, fallecido en un accidente de tráfico cuando iba camino a Cannes para celebrar el final de sus estudios con su amigo holandés, Edgar Moncanaar. George murió al día siguiente del accidente, desapareciendo así la línea masculina que desciende del Tsar Alejandro III.

El final de la vida de Natasha no es menos triste: pobre y enferma de cáncer, humillada por la persona que le había dado lugar donde vivir sus últimos días quien gozaba contar que daba limosnas a la esposa del gran duque Mikhail Alexandrovich.

Sucede que llevas años leyendo e investigando tanto de esta familia, conociendo sus sobrenombres, sus gustos, sus pasatiempos, sus amoríos, sus altos y bajos; que los sientes tan cercanos, y leer sobre la parte que a mí más me ha interesado (el exilio) hacen que me emocione. Y solo ha habido dos libros que han causado en mi esa sensación, uno de ellos es el de Cristina.

Son trece capítulos que trazan la vida de una mujer que con sus defectos, fue una maravillosa mujer en muchos sentidos: Natasha, comtesse Brassova, épouse du grand-duc Michel Alexandrovitch de Russie.

Gracias Cristina por ese maravilloso libro con el que me he deleitado y espero otros lo hagan de igual forma.

F. V. C. 9 / 01 / 2015.

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Critica de una lectora de Foro Realeza:
Querida Nana, supones bien, ya terminé el libro. Es más, se lo pasé a una de mis hijas, que comparte mi pasión por la lectura. De ella es, la crítica principal que creo, se le puede hacer al libro: su erudición y el gusto, tan propio de los grandes escritores rusos, por la profusión de personajes. Ante los ojos de una joven estudiante, que se enfrenta a una romántica historia de amor, desfilan un sinfín de Grandes Duques, Alexandrovich, Vladimirovich, Pavlovich, Konstantinovich, Mikhailovich…., junto a Rajmaninov, Rimsky-Korsakov o, Witte, Stolypin, Kerensky…., de forma que, si bien altamente formativo, dificulta la lectura y quizás, desvía el centro de la trama. A pesar de eso, la historia de amor se la ha creído, los personajes principales le han resultado convincentes, apreciando sus claros y sus oscuros. – Ya me he encargado yo, de resaltar la férrea voluntad de Natasha, a la hora de fijar y alcanzar sus objetivos, aplicando inteligencia y una ¨encantadora¨ capacidad de manipulación. Lecciones importantes, a los ojos de toda madre-. Más relevante, has logrado que su curiosidad venza y, de vuelta a su universidad inglesa, se ha llevado con ella, junto a latas de fabada y atún, el Nicolás y Alejandra de Massie, the Flight of the Romanovs y Los que vivimos Ayn Rand.

Desde mi punto de vista, es y será un libro de culto, que encantará a todos aquellos, con suficientes conocimientos de la historia imperial rusa, como para sumergirse sin dificultad, en el ambiente delicado y envenenado, de ese tiempo y ese lugar, que también has logrado describir.

Para muestra, el cuadro insuperable, de la bella amante del heredero de ¨facto¨ del imperio, en una representación del Mariinsky, acompañada del más grande de los compositores vivos, y Gorki en el palco vecino. Increpada por un oficial del ejército, (sólida clase media que veía lo que se le venía encima? ) -¨la felicito madame, es usted la mejor, la más excelsa y más cruel, de cuantas aventureras he tenido noticia¨-. Defendida por otros Grandes Duques, que desafiaban así, la voluntad de su Zar, (en la firme convicción de que sus amores y juguetes estaban por encima de todo deber?). Y como remate final, la bella dama dispuesta a ¨intuir, conocer¨, los pensamientos de su amante, (para jugar con ellos?).

En definitiva, una atmósfera, tan bien trasmitida que logras sentirte parte de ella, en la que se mueven unos personajes profundamente humanos, cuyos actos son descritos con verosimilitud, pero sin juzgarlos. La opinión corresponde al lector. ¡ Enhorabuena, Nana ¡.
Como contrapunto, para disfrutar plenamente de la escena, necesitas saber quién eran Rajmaninov, Gorki,.. etc.

Aunque es muy tarde, he querido hacerte partícipe de la visión de dos personas que se han aproximado al libro, con expectativas completamente diferentes.

Psd. La crítica la he escrito a horas intempestivas y cansada. Mañana tengo que presentar un tema delicado y lo he estado revisando hasta ahora. Espero haber transmitido que, es un gran libro.

Mi opinión de Natasha?, Una bella y orgullosa señorita de la clase media, con una inteligencia y una voluntad, que la hacían destacar entre aquellas personalidades decadentes y hedonistas, que formaban parte de los círculos a los que ella quiso pertenecer. Su gran virtud, crecerse con la adversidad.

J. 25 / 02 / 2015.
De este mensaje, al tratarse de un foro, también subiré mi agradecida respuesta.

Como puedes leer en mi anterior mensaje, es un verdadero placer haber contactado contigo y, por si fuera poco, conocer tu opinión.
De entre tus comentarios, cito algunos que es evidente, superan con mucho mis mejores expectativas:
‘Espero haber transmitido que, es un gran libro’ – ‘Desde mi punto de vista, es y será un libro de culto, que encantará a todos aquellos, con suficientes conocimientos de la historia imperial rusa, como para sumergirse sin dificultad, en el ambiente delicado y envenenado, de ese tiempo y ese lugar, que también has logrado describir’
…personajes profundamente humanos, cuyos actos son descritos con verosimilitud, pero sin juzgarlos. La opinión corresponde al lector. ¡Enhorabuena, Nana¡

Te aseguro que esas palabras me hacen muy feliz, pero más si cabe, ver la manera en que has interpretado mi forma de tratar la historia y los personajes. Si recuerdas, incluso la ‘tesis’ de la no abdicación de Nikolay, me limito a exponerla como una parte más, pero sin opinar sobre su verisimilitud.

Dices: ‘su erudición y el gusto, tan propio de los grandes escritores rusos, por la profusión de personajes’
Respecto a ello, me reconozco culpable. Veras. Cuando surgió la idea del libro, mi hijo que es muy ‘sesudo’ preguntó a qué sector de público iba a ir dirigido. Recordando el auge actual del relato histórico, ambiciosilla, pensé que no iba a poner puertas al campo. Debía interesar por igual al buen conocedor de historia rusa (aportando nuevos datos) y, a la vez, a quienes pretendieran algo más… ligero, (los cinco primeros capítulos, que son la historia de amor)
Contaba de antemano con que todos esos nombres eran muy conocidos por los que he citado en primer lugar.

‘Como contrapunto, para disfrutar plenamente de la escena, necesitas saber quién eran Rajmaninov, Gorki,.. etc’

Cuando era joven, al margen de los estudios que se tuvieran, existía un ‘algo’ a lo que se llamaba ‘Cultura General’
Tengo bastante contacto con gente joven, saben de muchas cosas, pero si vas un poco más allá se pierden completamente. Creo que carecen de la necesaria curiosidad.
Por eso, me doy por ‘bien paga’ si entre reconfortantes fabadas de las nieblas londinenses, tu hija lleva libros de una parte de la historia tan reciente que sin duda, ha conformado nuestro presente.

Si das tu permiso, me gustaría subir al blog tu comentario.
De verdad, muchísimas gracias.

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Por razones muy especiales que no viene al caso mencionar, sólo he leído el capítulo correspondiente a los últimos años de Dmitri, creo que mi personaje favorito entre los Romanov. Cristina, lo has descrito por dentro tal como lo imaginaba, tal como lo intuía, viendo en las fotos su mirada triste, su expresión perdida. Sus palabras, a través de tus palabras, claro, contando su sufrimiento desde su nacimiento y su constante anhelo por encontrar una figura paterna que reemplace a la perdida, me llegaron al corazón. Tu prosa es magnífica, tus conocimientos extraordinarios, pero lo que más admiro es tu capacidad para captar la intensa melancolía que rodeó toda la vida de este Gran Duque. Este capítulo es una muestra perfecta de todos los elogios que leo en esta página.
No puedo esperar a leer todo el libro!!!! Felicitaciones una vez más, Cristina. Un beso grande.

C. T. 28 / 02 / 2015.

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Por aquí ando, Josefita, guapa. He tenido algunos pequeños contratiempos de salud…cositas sin ninguna trascendencia, de poca monta, pero latosillas. Ya a pleno rendimiento, jejeje, a ver si este fin de semana me pongo al tanto.

Me ha encantado leer lo que has escrito sobre el libro de Nana. Un libro pertenece a quien lo escribe sólo en una pequeñísima parte, me parece a mí, jajajaja. Al final, cada uno de los que lo leemos somos los que “nos lo apropiamos”, porque cada uno percibimos distintos matices en cualquiera de las páginas de la obra. A mí me ha gustado mucho el modo en que has reflejado lo que a tí más te ha llamado la atención.

En mi caso, cuando íba avanzando en la lectura, me pregunté a mí misma: “¿Serás capaz de olvidar que lo ha escrito nuestra Nana?¿Serás capaz de hablar del libro como si no conocieses en absoluto a su autora y te lo hubieses encontrado por puro azar en un estante de cualquier librería/biblioteca y te lo hubieses llevado a casa simplemente porque el tema entra dentro del repertorio de temas que te fascinan?¿Serás capaz de valorar el libro echando al olvido esa especie de “pudor” que da el “hacer la crítica” a algo que haya surgido de la combinación de esfuerzo y talento de alguien a quien se aprecia?”.

He intentado olvidarme de Nana, para plasmar mi reacción ante el libro. Al menos, lo he intentado, jajajaja.

Debo decir que yo estaba bien predispuesta hacia Natasha. El libro sobre el romance imperial obra de Rosemary y Donald Crawford ya me había acercado a ese personaje femenino que encontré muy interesante, como una contraposición magnífica a las figuras de Minnie y de Alix. Ahora, a través de “Condesa Natasha Brasova”, he podido darme el gusto de sumergirme en las profundidades de la poderosa corriente de agua que fue la vida de Natasha a partir del instante en que atrajo al gran duque Mikhail. Ay, Misha y sus amores “inconvenientes”…hasta llegar a Natasha, más inconveniente todavía que cualquiera de sus predecesoras. Me gusta visualizar a Natasha entretejiendo con gracia seductora el tapiz de aquella relación que acabó en matrimonio morganático, un hecho terriblemente frustrante para todos aquellos miembros del círculo imperial que habían esperado que Mikhail pudiese asumir el trono en caso de fallar Nicolás, en particular considerando la endeble salud del hijo de Nicolás y la más que controvertida Alix. Natasha surge como “la que se lleva las culpas” de que con ese Mikhail que en las horas más dramáticas sencillamente no quiere ser zar, se cierre la elipse histórica que había empezado a trazarse en aquel primer Mikhail Romanov elegido zar en un momento dado por el Zemski Sobor.

A mí la Natasha que más me conmueve es, sin embargo, la Natasha de su exilio francés, la viuda de un gran duque, la madre de un joven conde que parece retrato vivo del difunto padre y que se mata en un absurdo accidente cuando estrenaba su flamante Chrysler. Creo que Nana tiene la facilidad de recrear con esmerada delicadeza la etapa del “fin Imperio” en Rusia, el declive imparable de los Romanov a través de una espiral de acontecimientos que acabaron estremeciendo el mundo de entonces. Pero, sobre todo, creo que Nana tiene una sensibilidad especial para transmitir ese bagaje emocional que los rusos exiliados llevaron consigo, sobre todo a Francia. La Natasha herida en lo más hondo por la pérdida de su marido y en especial de su hijo parece más digna de aprecio que nunca a través de sus conversaciones con Félix Yussupov y con el gran duque Dmitry. Yo no quiero aquí hacer “spoilers”, jajajaja, pero el momento conversación con Félix, en especial, me ha envuelto por completo. El capítulo Dmitry es esclarecedor, pero el capítulo Félix…uf, me entusiasmó de principio a fin, me parece que Nana captura la esencia de Félix como personaje hecho a sí mismo, pero también la de Natasha a través de cómo se relaciona con Félix y de cómo llega a describirla Félix. Ella al final considera el egoísmo y el orgullo inútil sus grandes errores en la vida, pero hay algo muy tierno en su forma de asumir los recuerdos del esplendor pasado enmedio de la pobreza lacerante de sus últimos días como “una penitencia” por sus fallos.

Creo que el resumen es que me entraban unas ganas locas de estar allí, de cogerle la mano y escucharla murmurar sus últimas evocaciones antes de morir…

Minnie, en Foro Realeza. 6- 3- 2015.

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Cris, he querido dejar pasar unos días antes de escribir mi opinión sobre tu libro; Imagino que en buenos conocedores de historia, como dijiste el día de la presentación, habrás tenido muy buena acogida. No es mi caso; soy una completa analfabeta en temas históricos y menos aún del calado que relatas. Sabía algo de la historia de Rusia y de Nicolás, pero la verdad es que en mi vida había oído hablar del gran duque. Por eso mismo, aun considerando el tema interesante, no voy a caer en el vicio fácil y banal de hacer un comentario hablando solo de la trama o personajes del libro.
Ami, me interesan y señalare otras cosas. Antes de nada, decir que has sabido recrear a la perfección una época y un momento histórico. Has escrito en un lenguaje muy rico, elegante y decimonónico que imagino, no habrá sido nada fácil. Con muy buena puntuación, los personajes son creíbles y logras hacerlos cercanos; también las descripciones de lugares ya sean Paris o San Petersburgo.
Rompes el hilo intimista del relato con dos capítulos que son dos diálogos. Y que diálogos; ahí, es en ese ejercicio donde se aprecia a un buen escritor. Nada que ver con lo que dijo Ramón en la presentación, de alguien que incluso presumía de haber copiado los diálogos de internet¡¡¡
Por evidente deformación profesional, me quito el sombrero ante el perfecto y nada casual relato que haces de los distintos estadios que la protagonista padece ante la muerte de su hijo. Negación, rebelión aceptación; estoy segura que para describirlos tan bien, habrás estudiado el tema en profundidad.
Pero, a mí no puedes engañarme; veo perfectamente cuánto hay de ti en el libro. Veo ciertos paralelismos en situación y emociones vividas; por el contrario a ella, eres fuerte, tú has sabido salir de adversidades, incluso diría de verdaderas hecatombes personales. Y, en este momento, sé que estás acomodando con valentía tu vida a una situación muy difícil de sobrellevar.
Por todo ello, mi más sincera felicitación; hazme caso, continúa escribiendo, ya sea por refugio de otras cosas, o por compartir tu evidente elegancia interior.
Muchos besos
I.G.C. 7-3-2015.

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Algunos amigos han preguntado por el modo de datación que aparece en el libro. Subiré una imagen para que vean que no ha sido invento mío¡¡¡
Diría, que así se fechaba a la antigua….

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Otra de las preguntas más comunes es saber que hay de cierto en que según antigua costumbre, los rusos tomaban el té en el plato, antes que en la taza.
Debe haber algo de orientalidad en el significado que en Rusia tiene y ha tenido, la ceremonia del té en todos los estratos sociales. Subiré antiguas imágenes y en una de ellas, verán que lo toman tal como señalo en el libro.

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Contacto en Fb. con Joseph Guijarro de Clonard Borbón. Controvertido personaje, afirma ser nieto de Mikhail Alexandrovich y Natasha Brasova.

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Artículo de Rafa Marí sobre el libro. Publicado el 15-06-2015.
Copio el texto:

Rafa Marí, en las Provincias. 15-06-2015
‘Condesa Natasha Brasova’. He disfrutado con esta ambiciosa novela de Cristina Rosario Franco, editada por Brúfol con un cuadernillo de fotos de los personajes reales en que está basada la historia: la condesa, el zar Nikolay II, su hermano el gran duque Mikhail Alexandrovich Romanov… En el carácter soñador e indómito de Natasha se percibe la sombra de Emma Bovary (Flaubert, 1856) y su lucha por la libertad de elección amorosa en el seno de una sociedad represora. También ecos de ‘El retrato oval’, de Gil-Albert, en un tono menos ensayístico. Narrada en primera persona por Natasha, el largo relato a lo largo de varias décadas sitúa a sus protagonistas en un dramático contexto histórico. La novela maneja materiales inéditos, desclasificados tras la desaparición de la URSS en 1991. Asistimos a los ritos de la aristocracia vistos desde dentro, con respeto y a la vez con espíritu crítico («tsares autocráticos y absolutistas, revestidos de Poder divino, carecían de inquietudes reformadoras, permanecían varados en el pasado»). La condesa hace un duro retrato de su marido Sergey («cuando hablaba, en realidad no decía nada. Solo hablaba»). Memorable el momento de los consejos ciegamente conservadores de la ‘niania’ a Natasha, días antes del primer matrimonio de la joven: «Sergey Mamontov no es de mi agrado, pero debes ser buena con él, sé buena y el resto será fácil». El fin de la monarquía, la revolución de Octubre, la fallida figura de Kerensky (ucronía: ¿cuál habría sido el destino de Rusia de haberse consolidado la incipiente democracia?), la dictadura de Lenin… Una novela apasionante, bien documentada y con muchos mundos en su interior.

Aquí el enlace: http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx?noredirect=true

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Una de las muchas cosas que pone de relieve la estupenda biografía de un personaje histórico que tuvo una gran importancia en el devenir de su país, es la facilidad con que a lo largo de la historia se han conculcado los derechos de las mujeres, y a los hijos se les ha considerado como objetos propiedad de los padres. En este caso, se le privó a la condesa del más elemental de los derechos, el de elegir a su propio marido.
La historia de Rusia podría haber sido de otro modo si a la condesa se le hubiera dado el trato que como persona merecía. Hacia el final del libro lo pone de manifiesto un personaje lamentable cuando le explica la importancia que tuvo.
Otra de las cosas que se ponen de manifiesto es la intrínseca maldad de la Revolución Rusa y no sólo por los millones de muertos que causó, y casi un siglo después se ven con claridad sus ‘logros’, sino también por las esperanzas que quitó a otros muchos millones de rusos, y las falsas expectativas que sembró entre otros millones de personas de Rusia y del resto del mundo. Hoy en día, aún hay muchos que siguen creyendo, y tratando de implantar en donde puedan, esas nefastas y utópicas ideas.
Además, despojó a la gente, a mucha gente, de la compasión. Lo que tuvo que vivir la condesa Natasha Brasova tras el estallido de la Revolución puede servir para imaginar lo que tuvieron que soportar millones de rusos. El comportamiento de muchos fue totalmente despiadado, y eso también hay que ‘agradecérselo’ a la Revolución.
Cristina Rosario Franco se mete en el interior de la condesa, esposa de Mikhail Alexandrovich Romanov, hermano del tsar, y cuenta la historia en primera persona. Resulta muy creíble cuando narra los sueños, los sinsabores, los miedos y en fin todas las sensaciones que presumiblemente tuvo la buena de Natasha, que, sin duda, mereció mejor suerte en la vida. En el mismo caso estuvo su esposo Mikhail, que fue capaz de hacer grandes sacrificios por amor primero y por Rusia cuando creyó que debía hacerlo. Nada de eso interesa, por supuesto, a los totalitarios, ya que para ellos la idea vale más que cualquier persona.
Como fondo de la historia está en los inicios el esplendor del Imperio Ruso. Y luego todo el horror que siguió. También están dibujadas las personalidades del tsar Nikolay II y su esposa, la tsarina Alexandra Feodorovna, cuyas torpezas quizá propiciaron la caída del Imperio.

Vicente Torres 20-07-2015.

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Periódico las Provincias 29-11-2015

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Copio aquí el texto del artículo aparecido en el periódico Las Provincias del 29 de noviembre de 2015, escrito por D. Ramón Palomar.

Una zarina de mirada envolvente
Su biografía da para un libro, pero ella prefirió bucear en las andanzas
ajenas. Impecable a cualquier hora y dotada de unos ojos que arrullan, viajó a Rusia en busca de material para una novela. Cinco años de pesquisas permitieron a esta loba esteparia
Encuentra uno miembros (y miembras) en nuestra pomada local que merecen la pena. Basta con permanecer atento y aprovechar las ocasiones que nos ofrece el destino. Por ejemplo, Cristina Rosario Franco. Alta, delgada, impecable a cualquier hora del día o de la noche, dotada de tipazo, muy elegante, natural y, sobre todo, sobre el conjunto, destacan unos ojos suyos enormes y claros que parecen envolver y arrullar al interlocutor y que se diría captan todo lo que se mueve en varios kilómetros a la redonda. Los ojos de Cristina son monumentales como el novelón de uno de esos maestros rusos que leímos durante nuestra atropellada juventud. Y no exagero ni un pelo.

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La escritora, en el salón de su vivienda en Rocafort.
A Cristina me la presentaron unos amigos comunes durante una cena porque terminaba de escribir y publicar una novela, ‘Condesa Natasha Brasova’, donde brillaba un trabajo de pura investigación sabiamente novelado para que el lector surfease sobre esas páginas palpitantes. Uno a la condesa Brasova no la conocía, ay. Y menudo personaje, la tal Natasha. Pero desde luego sí me gustó conocer a Cristina porque se gastaba un perfil biográfico muy literario, y eso siempre atrae ante la grisura imperante. Ya sus raíces son diferentes a lo habitual. De padre venezolano y madre barcelonesa, Cristina nació en Caracas, pero al cumplir su primer año se vinieron a vivir a Barcelona. Cuando contaba dos años su padre falleció, otro rasgo de su biografía que nos arrastra hacia Dickens. En Barcelona, además, se educó en el colegio de las ‘Damas Negras’, unas monjitas francesas que gastan siniestro nombre de película de terror que bien podría firmar Guillermo del Toro o el mismísimo Tod Browning.
Yo creo que de aquel tiempo, de aquella educación afrancesada, rígida pero justa, implacable en los horarios aunque de máxima erudición, le viene a Cristina la clase que segrega con sólo caminar y, a buen seguro, también su pasión hacia la letra impresa. Porque Cristina, amigos, derrama mucha clase y un toque cosmopolita que no abunda entre nuestra tribu. Cuando cumplió quince años se trasladaron a Valencia, aunque ya conocía nuestro territorio de unos veraneos en Godella. Tiempos tumultuosos para una jovencita de quince años… A esa edad, cambiar de ciudad, de amistades, de rutinas, supone un mazazo trágico, pero con el bagaje que arrastraba y su voracidad lectora, superó el trance. De todas formas, en aquel tiempo Valencia todavía no había explotado y salía perdiendo cuando la comparabas con Barcelona. Como te digo una cosa te digo la otra, vecina. A Cristina, en cualquier caso, siempre le fascinó viajar y, en especial, a la madre Rusia con sus vastas extensiones y su convulsa historia. Cristina, así pues, curró duro durante cinco años para buscar documentación sobre la condesa Natasha Brasova, la esposa morganática del gran duque Miguel, el hermano pequeño del debilucho y algo atontolinado último zar Nicolás II. Viajó varias veces a Rusia, se sumergió en archivos polvorientos, llamó a varias puertas, dio la brasa, insistió, perseveró, descubrió papeles que aportaban novedades y, finalmente, cuajó su obra. Por cierto, la novela la pueden encontrar no sólo aquí, sino también en San Petersburgo y otras ciudades rusas donde existen tratados de cooperación cultural con nuestro país.
Sin embargo, lo que a uno le fascina y pasma de verdad es la aventura personal de esta mujer, Cristina, paisana nuestra de adopción, en su labor tenaz. En vez de perder el tiempo en la pelu como haría una burguesa ociosa, le dio por trabajar duro. Qué cosas. En el fondo, y acaso en la forma, Cristina proyecta aire de aristócrata rusa que permanece en eterno exilio. Y en su mirada hay un no sé qué de lobo (loba) estepario que recorre el mundo con un punto de insatisfacción, pues la gente inquieta jamás se conforma con el sosiego y suele soñar con nuevos retos. Aquí, en Valencia, se casó. Aquí tuvo a sus hijos. Pero, detalle que a uno se le antoja sublime, Cristina Rosario Franco lleva ya tres maridos y, sin embargo, luce fresca y lozana. Si Stendhal la hubiese conocido se habría enamorado de ella. Tres matrimonios… Qué maravilla, qué poderío. Si esto no es elegante a la par que punki uno ya no sabe qué es la elegancia.

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José Carlos Morenilla.
Analista literario. 31-01-2015.

Cuando leí la ‘Suite Francesa’, de Irène Némirovski, quedé profundamente impresionado por su capacidad para recrear, en la ficción literaria, la vida que transcurría a su alrededor. Sus personajes palpitaban en mi mente con la angustia y ansiedad de quien huye de la guerra arrastrando tras de sí una vida que no tenía previsto transitar por ese capítulo. Su propia historia, la de Irène Nèmirovski, es sobrecogedora y legendaria, hasta el punto, que ese libro que yo entonces tenía en la mano, bien podría ser un personaje de ficción.
Irène, que siempre se supo judía a su pesar, lo escribió en unas libretas, sentada en el suelo de un bosquecillo próximo a su casa, mientras los verdugos de nacismo la buscaban para conducirla a la que fue su última morada antes de pasar al limbo de los inmortales…, un campo de exterminio. Los cuadernos viajaron en las maletas de sus hijas huidas con éxito gracias a su astucia y clarividencia. No fue hasta mucho tiempo después de su muerte, cuando sus personajes vieron la vida con la edición del libro.
¿Nacieron o volvieron a la vida? Siempre me he preguntado, y especialmente con los personajes de esta autora, si ella podría haber escrito su obra sin haber conversado con las almas de quienes transitaban a su alrededor. No puedes saber sólo por un tacón roto, por la maleta torpemente atada a un coche, la peripecia vital que la condujo allí, si no es porque el alma de su dueño te lo cuenta. Necesariamente debió ser así. Necesariamente deben existir escritores que vibran con las almas de personajes que, en algún momento tuvieron vida, carácter y una historia que contar.
Confesaba el dramaturgo italiano Luigi Pirandello, el autor de ‘Seis personajes en busca de autor’, que él había decidido escribir otra obra con esos personajes. Ya los tenía perfilados en su mente pero, por unas causas u otras, retrasaba la escritura del libro. Hasta que un día, cansados de su negligencia, se plantaron en su cabeza sin dejarle hacer otra cosa que escribir la genial obra en la que los personajes redactan su propio papel: teatro dentro del teatro.
Yo mismo soy hijo de un hombre que viajó a África irremediablemente impulsado por las aventuras de Tarzán. Vivió enamorado en la distancia de quien después sería mi madre, y aunque regresó a España, sino yo no habría nacido, en el resto de su vida sólo interpretó al aventurero personaje de Edgar Rice Burroughs, porque él nunca regresó de la selva.
La periodista, y después escritora, Reyes Monforte, escribió su primer libro, ‘Amor Cruel’, requerida por la familia de María José Carrascosa, la abogada encarcelada en EEUU, porque necesitaban que alguien contara su historia. Después vinieron dos libros más en los que, supuestamente, también relata historias reales.
Por eso me pregunto de nuevo ¿hay alguna que no lo sea?, ¿podemos arrancar la ficción de la realidad?
Eliseo Alberto, el valiente periodista y escritor cubano, me contaba que él se levantaba temprano para empezar a escribir, cuando en la ventana que había junto a su mesa despuntaba el alba. Y en ese tránsito entre la noche y el día, sus personajes le hablaban, le recriminaban sus errores en lo escrito el día anterior, y terminaban dictándole algunos términos con los que completar lo que estaba escribiendo. Y tan era así, que confesaba que él jamás habría utilizado algunas palabras de no habérselas sugerido sus propios personajes.
Estoy leyendo, ‘Romanov-Condesa Natasha Brasova’, de Cristina Rosario Franco, una sorprendente novela de un personaje que existió realmente hace ahora cien años. Aunque sé que su autora se ha documentado minuciosamente con esfuerzo y ha viajado a muchos de los lugares que describe, me parece imposible que tal obra pueda nacer tan sólo de la imaginación. En algún momento, Cristina, la historiadora vocacional, debió tropezar con el espíritu del personaje que describe y, arrastrada por ese impulso, empezó a desgranar sobre el papel lugares, personajes, conversaciones, actitudes y peripecias vitales narradas con un realismo y una precisión sólo reservada a seres especiales. Escritores que tienen el maravilloso don de mirar al más allá y ver.
Podría continuar con la enumeración de obras y autores que nos trasladan a universos más llenos de vida que la vida que vivimos. Acuden a mi recuerdo, lugares, sucesos, historias de ficción que no puedo separar de mi realidad.
Me niego a pensar que nunca vivió Don Guido, el singular personaje de Machado, cantado por Serrat; que las golondrinas de Bécquer nunca volaron; que Romeo no amó a Julieta; o que Sandokán nunca le contó su historia a Emilio Salgari.
Para mí, el lujo oriental, el signo de una riqueza sin límites, es tener un palacio de diamantes, un gran manto de tisú y un rebaño de elefantes.
Siempre he creído que Phileas Fogg dio la vuelta al mundo en ochenta días, ahora se puede dar en ochenta minutos, y que quienes están dispuestos a jugarse la vida y la fortuna en una apuesta, existen. Que el crimen lleva implícito el castigo como contaba Fiódor Dostoyevski . Que en algún lugar de la Tierra existe el Shangri-la de James Hiltom…
Y que la interpretación imaginaria que daba Don Quijote a la realidad era más real y auténtica que el oscuro momento de la Historia en que vivió Cervantes. Y sé que después ha habido cien generaciones de lectores que, aun sabiendo la ¿verdadera? historia, continúan cabalgando a lomos de Rocinante.
Hoy, después de tantos libros, ya estoy más cerca de mi muerte que de mi nacimiento, hay unos cuantos personajes que pueblan mi mente y me urgen a que cuente sus vidas. Ellos saben lo efímero de las nuestras y me apremian.
Supongo que todos tenemos una historia que contar. “Mañana le abriremos…” decía Lope, pero si mañana no existe, ¿qué les voy a decir a todos cuando me los encuentre en el más allá?


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RAMÓN CERDÁ: La protagonista de la novela, hasta ahora prácticamente una desconocida, no lo será tanto después de todo lo que la autora nos cuenta de ella a lo largo de las más de cuatrocientas páginas de la obra. Una novela que lo es, pero que de alguna manera, podríamos clasificar también de profundo ensayo histórico, por el detalle de protocolo, descripciones y tradiciones que se van destilando en cada capítulo.

Sin duda se trata también de una novela coral por la multitud de personajes que desfilan por ella, pero sin perder nunca de vista el eje central de la protagonista principal que, tras un matrimonio impuesto, no dejará de buscar al verdadero amor de su vida.

La autora ha confesado más de una vez su «obsesión» por todo lo relacionado con Rusia, y bajo mi punto de vista, con esta novela ha conseguido canalizarla para que sus lectores podamos conocer un poco más de aquella Gran Rusia (la Imperial) que empezaba de alguna manera a perder fuerza, a decaer, pero sin dejar de ser todavía poderosa y misteriosa.

Se adivina entre las páginas una gran labor de documentación, y sabiendo que su escritura ha supuesto un trabajo de cinco largos años, la cosa se confirma.

Que la novela esté escrita en primera persona requiere un conocimiento profundo de la psicología del personaje femenino por parte de la autora, la cual, siendo mujer, adivino que habrá podido ponerse de manera más eficaz bajo la piel de la misma para hacernos llegar a los lectores todo un sinfín de sensaciones, más directamente que si la hubiera escrito con el típico narrador omnisciente.


Muy distinguida señora,

Empezaré presentándome para intentar exponer el motivo de mis letras. Soy arquitecta y desde siempre he escuchado con atención las maravillosas historias que mi madre me contaba acerca de la historia antigua.

Nunca me había llamado la atención la historia moderna y contemporánea –salvando varios conflictos de Oriente medio- hasta que gracias a la más absoluta de las casualidades la descubrí a usted a través del foro Realeza.

Cuando alguien explica las cosas que le mueven y le apasionan, éstas llegan de forma distinta.

Me convertí en ansiosa lectora de todo lo que usted producía, hasta que inevitablemente tuve que comprar su libro.

Condesa Natasha Brasova representa todo cuanto un escritor convencional evitaría por completo, destripa la historia, los nombres, los lugares y las personas sin dar lugar a la duda; y es precisamente por ello que se ha ganado un lugar de honor en mi biblioteca –además de haber sido digno de una relectura

Ha compartido usted un maravilloso mundo de elegancia y refinamiento del que sin duda forma parte.

Aquí es donde yo le expongo el motivo de mi carta. Y es que sin saberlo, se ha convertido en personaje público, digno de mi admiración y respeto por cuantos valores representa.

Me permito el lujo de imaginar que siente usted fascinación por un mundo en el que el honor y el respeto prevalecen por encima de la voluntad y las apetencias personales. Ese mundo que me atrapa parece carecer de sentido en estos tiempos que corren.

Es agradable descubrir personas que aún se sientan fascinadas por ese universo.

No puedo sino agradecerle que me haya descubierto el universo de la Russie Impériale, del cual espero aprender más y ahondar en sus secretos,

Su ferviente seguidora y amiga

Ll V.  27/12/2016.

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2 thoughts on “*** The book: ”Romanov. Condesa Natasha Brasova.”

  1. ¡¡Felicidades, Cristina!! Acabo de descubrir este blog, es sencillamente apasionante para cualquiera interesado en esos personajes o en esa época. A veces siguiendo la pista a un personaje concreto, se llega a encontrar todo un repertorio magnífico y descubriendo una etapa fascinante por miles de razones. Espero que para muchas personas signifique un descubrimiento.

    Estoy muriendo de ganas de leer el libro, pero, sobre todo, me considero muy afortunada de haber podido estar al tanto de tus Recuerdos de Rusia.

    ¡Soy muy fan! Besos.

  2. Por razones muy especiales que no viene al caso mencionar, sólo he leído el capítulo correspondiente a los últimos años de Dmitri, creo que mi personaje favorito entre los Romanov. Cristina, lo has descrito por dentro tal como lo imaginaba, tal como lo intuía, viendo en las fotos su mirada triste, su expresión perdida. Sus palabras, a través de tus palabras, claro, contando su sufrimiento desde su nacimiento y su constante anhelo por encontrar una figura paterna que reemplace a la perdida, me llegaron al corazón. Tu prosa es magnífica, tus conocimientos extraordinarios, pero lo que más admiro es tu capacidad para captar la intensa melancolía que rodeó toda la vida de este Gran Duque. Este capítulo es una muestra perfecta de todos los elogios que leo en esta página.
    No puedo esperar a leer todo el libro!!!! Felicitaciones una vez más, Cristina. Un beso grande.

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